EL BOXEADOR
Érase una vez, un
hombre que miraba adentro de su alma, y veía abismos negros, cruces, vírgenes…
Érase una vez, un
boxeador, que se entraba a coñazos con el tiempo, para ganarse el pan como
reportero…
Érase una vez, un
hombre que tuvo una adolescencia núbea, y, cuando se hizo hombre, le dieron a beber
espanto…
Érase una vez, una
estrellita de rock -del under- que tuvo que bajarse de sus botas militares, y
plantar cara a un pupitre en la UCV…
Érase una vez, un
hombre que amaba con toda su alma a una niña; pero la niña no lo amaba a él.
Érase una vez, el
hombre de las mil mujeres, de los mil hombres, de las miles de hambres…
Érase una vez, un
tipo que vivió al filo de la navaja, que sabía de puñales y pistolas; pero -al
final- sólo sentía un amor eterno por su mami.
Érase una vez, el
hombre de los mil amigos. Amigos de verdad; quizá no un millón de amigos, pero era
un tipo al que se tomaba cariño fácilmente.
Érase una vez, la
historia de un país saqueado; la 2da petrolera en refinación del mundo -en su
hora-, convertida en la caca del Diablo. Chatarra.
Érase una vez un
músico, que quiso ser como Lenny Kravitz, pero la vida lo aplastó. Que no es lo
mismo nacer en el norte que en Venezuela.
Érase una vez un
escritor, que -como Cortázar- era flojo para escribir; y escribía cuando le
daba la gana.
Érase una vez un
lector, que -como recomendaba JL Borges- no leía un libro si no le gustaba, así
fuera de Shakespeare.
Érase una vez, un
hombre al que solo le restaba morir; y ponía a San José Gregorio Hernández como
abogado, ante el Tribunal Celestial.
FIN

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